PRIMERA COMUNICACIÓN


ENTRE EL CIELO Y LA UTOPÍA

Santa Escuela de Cristo en la Ciudad de Orduña, Vizcaya
D. Modesto Viguri Arribas

La institución de la Santa Escuela de Cristo instaurada en Madrid el 26 de febrero de 1653 por el virtuoso sacerdote italiano Juan Bautista Feruzo, se funda en la ciudad vizcaína de Orduña el 11 de mayo de 1676 por el padre Fray Tomás de Isla. Su finalidad es el aprovechamiento espiritual de cuantos en ella ingresen. Los discípulos de esta singular institución religiosa, para mejor aprovechamiento y conocimiento mutuo, no podrán exceder de sesenta y dos. Además de su actividad a lo largo del año es la que se encarga desde su fundación de las procesiones de la Semana Santa de la Ciudad, recogiendo el testigo de la desaparecida Cofradía de la Vera Cruz, manteniendo muchos de los rasgos de la identidad franciscana.

Una Utopía dentro de la Iglesia

Los sesenta y dos hermanos que componen esa institución tienen como sede un espacio propio, el Oratorio. Allí es donde se reúnen para realizar sus prácticas religiosas, pero también para sus reuniones ordinarias y extraordinarias, intercambio de noticias, convesar,... Son una especie de isla dentro del mundo eclesial y civil de la epoca:

"La característica exterior más evidente y comón de la utopía es seguramente su insularismo".

La segunda característica aportada por el autor es la autarquía. Si de la Escuela de Cristo no se puede hablar así en sentido estricto, si es destacable su total autonomía financiera. Llevan desde su fundación sus propios libros de cuentas y no dependen ni tienen relación con la parroquia u obispado. En la época moderna tiene su propia Cédula de identificación Fiscal diferente a la de los organismos antes citados.

"En consecuencia prefieren una economía cerrada, perfectamente autárquica, que permite excluir el dinero mediante una explotación directa de los recursos".

Sun funcionamiento interno se caracteriza por las ideas de medida orden. En sus Constituciones aparece todo reglamentado: las reuniones periódicas, lo que se debe de hacer los días laborables y los domingos y festivos. Las funciones y procesiones a desarrollar en Navidad, Semana Santa, ... Cómo y quién desempeñará las tareas de gobierno. Cómo se actúa con los Hermanos enfermos y con los Hermanos difuntos -lo analizaremos en otro apartado-, etc.

"Otra característica esencial del género: la característica de carencia de pasado. Es una novedad en su época. A pesar de que muchas congregaciones e instituos religiosos existentes a lo largo de los siglos en la historia de la Iglesia Católica, no había existido una así. Entre otras peculiaridades cabe destacar que se conocía institutos religiosos, asociaciones de seglares solos o con algún clérigo al frente... Las Escuelas de Cristo, en su origen eran una mezcla de clérigos y laicos: veinticuatro sacerdotes y cuarenta y ocho seglares. Esa carencia de pasado la señala Trousson como:

"Resulta significativo que la utopía no tenga pasado, que no haya llegado a ser tal a consecuencia de una evolución, al menos dicha evolución pertenezca a un pasado mítico, mencionado por mero respeto de la convención".

La tención especial que merecen las instituciones y las leyes se refleja aquí en el minucioso detalle con que se recogen los distintos órganos de gobierno, tanto colegiados como unpersonales. Como por ejemplo señalaré que en el Artículo 33 se recogen numeradas las obligaciones del Secretario enumerándose hasta 14 acciones a desarrollar:

"El legistaldor no es el único garante del equilibrio y delorden. Como el utopista quiere la estabilidad y la regularidad de su régimen, concede atención particular al mandamiento de las instituciones y de las leyes".

Aparentemente, la característica de la uniformidad social citada por Trousson es la que mejor se cumple. Todos los hermanos son iguales en la Escuela de Cristo. Es más, los que ostentan cargos anteponen el calificativo de "indignos" al título y son servidores del resto. Lo que podemos asimilar en el lenguaje actual al Presidente o máxima autoridad de la institución se denomina Indigno de Obediencia "a fin de que, aún, en el título del Superior, recuerden constantemente todos los Hermanos, lo que han de atender a perfeccionarse en virtud de la obediencia que tanto resplandeció en todas las obras de Cristo".

"Uno de los efectos de la ley al que el utopista se muestra particularmente apegado, recuerda también R. Ruyer, es la uniformidad social. El ideal es que todos los ciudadanos estén asimilados al Estado e identificados con él".

Hablo de apariencia por que todos los Hermanos están identificados con el fin y con su Maestro que es Cristo, pero en el mismo Reglamento aparece un tratamiento distinto según la tarea desarrollada en la sociedad civil, estando reservadas unas labores para unos y otros.

Esto enlaza perfectamente con la siguiente característica de las utopís: dirigismo estricto. El Patrono de las Escuelas de Cristo, San Felipe Neri, al hablar de los compañeros de los que había de salir su sucesor decía:

"De uno de ellos ya había dicho Felipe en vida: Cuando yo muera no lo hagáis Prepósito, porque no debe ni puede mandar quién no ha sabido obedecer".

Queda patente que esto también se cumple en el caso que nos ocupa:

"Semejante conjunto sólo puede funcionar con regularidad a costa de una vigilancia estrecha: por eso, los utopistas recurren siempre a un dirigismo estricto".

Hoy en día la actividad de la Escuela de Cristo se reduce en su aspecto religioso a los festivos y en su aspecto organizativo a ciertas reuniones a lo largo del año. También, y por el cambio en la forma de vida laboral (desaparición del artesanado, los gremios,...) los trabajos son realizados por profesionales de la restauración de imágenes o empresas especializadas. Antiguamente eran los propios Hermanos los que realizaban las tareas y no era extraño ver a un ebanista con sus ayudantes dejar su taller e ir al Oratorio a cumplir con las necesidades del momento. Así se cumplía otra de las señas de identidad del mundo utópico, la actividad incesante:

"Desde Tomás Moro e incluso desde la Antigüedad, la ciudad utópica se parece a una colmena en actividad incesante".

Característica fundamental de la Escuela de Cristo es su espíritu ascético. Nota fundamental que ha llegado a nuestros días, tanto en sus manifestaciones internas como externas:

"El utopista siente horror por la profusión, del despilfarro, de la prodigalidad; es ascético y detesta el lujo o, mejor dicho, el único lujo utópico está reservado a las ceremonias públicas que manifiestan la grandeza de la ciudad en su conjunto".

Finalmente, Trousson destaca como una de las características determinantes del mundo utópico la educación. Es claro que la institución que analizamos cumple este cometido en sus fines, pero lo cumple incluso en su nomenclatura. La denominación de "Escuela" indica la importancia pedagógica que se recoge en su seno:

"Para conducir a los hombres a ese punto de cohesión y unanimidad, los utopistas no han dejado de reservar un lugar importante a la educación. La pedadogía ofrecerá el mejor medio de acción directa sobre el material humano a fin de uniformizar las conciencias.

La vida del santo patrono de esta institución resumen en breves líneas como debería ser la vida en lo que hemos denominado esa "realidad utópica" que lleva más de tres siglos de existencia:

"San Felipe Neri era verdaderamente austero para sí mismo: vivió siempre en pobreza, su comida era frugal, su descanso escaso, su oración larga, su desprendimiento total; pero, en los consejos que daba a sus hijos espirituales, mostraba siempre desconfianza al exceso de penitencias, principalmente externas, a la limosna hecha con ostentación, a la vanidad y propia satisfacción en los actos de piedad".


UNA UTOPÍA EN LA IGLESIA ACTUAL

"El arte es junto con ella (la filosofía) y con la religión una de las figuras del Espíritu absolutoen el que se manifiesta la reconciliación que supera la contradicción y la particularidad que caracterizan la esfera de la finitud".

Estas líneas en el capítulo Estética y religión, de José A. Zamora, siguiendo ese espíritu hegeliano, nos acercan a las Escuelas de Cristo en la actualidad. La fidelidad a la tradición no consiste sólo en repetir los mismos gestos y palabras que usaron nuestros antepasados sino que, en esencia, consiste en tener las mismas motivaciones y sentimientos que ellos.

En el apartado anterior, siguiendo a Trousson, estudiábamos la caracterización de esta institución como una "utopía real" en el siglo XVII, en el contexto actual pienso que es una utopía su presencia entre nosotros.

En esta ocasión dejaríamos a un lado esa génesis de la utopía como género literario para incorporar las otras dos acepciones. En primer lugar, como una crítica a la sociedad actual: en la sociedad del bienestar y del consumismo cuesta entender que haya personas que intenten vivir en un ideal ascético, sobrio, activo, regulado... Como segunda acepción, según la intencionalidad eutópica de E. Bloch, tendiendo a mantener esa institución como camino hacia la felicidad. Lo que en el siglo XVII era una utopía, por estar en el mismo tiempo, pero en un espacio particular, hoy lo podemos unir a una idea de progreso. Progreso como alcance de ese tiempo futuro que se proyectaba hace más de trescientos años cuando se fundó la institución.

Lo interesante ahora sería conocer cuál es la presencia de ánimo de todos y cada uno de los componentes de la institución. A qué acepción de utopía se acercan más los que están ahí, e incluso por qué otras motivaciones distintas a las expuestas procesionan o se incorporan hoy en día a la Escuela de Cristo.

Mucho se ha escrito sobre el resurgir de la religiosidad popular y su relación con la cultura en el sentido que se ha señalado anteriormente. En este caso no pueden confundirse los ideales fundacionales de las Escuelas de Cristo con otras dimensiones, como puede ser el arte.

"El arte su puede ofrecer como sustitutivo de la religión y pretender heredarla".

Desde el aspecto estético, quizás sea más acertado el postulado de Bodei que ve un acercamiento de lo divino a lo humano:

"A diferencia de los platónicos y de los neoplatónicos, el cristianismo no ha figurado el encuentro con lo divino únicamente como una ascensión del hombre hacia lo bello y el bien (...) sino más bien como un descenso de lo divino a lo humano".

Además de la dimensión artística, siguiendo a Caro Baroja aparece también como importante dentro de lo popular la etapa de la vida de las personas:

"Otra dimensión importante dentro de la sociedad popular, y en esto tampoco se diferencia tanto de las sociedades que no se consideran tales, es la que da a las relaciones humanas el hecho de pertenecer a un estado o a otro, de hallarse en una fase determinada de la vida y no en otra".

Se vive de forma diferente a tiempos pasados como manifiesta D. Rafael Benito Ruesca de la Asociación para el Estudio de la Semana Santa en su ponencia "Cofradías de Semana Santa: Radiografía del pasado":

"La aparición de las cofradías ha estado vinculada con fines piadosos diversos que han fomentado una verdadera fraternidad entre sus asociados: La ayuda mutua, las cajas de socorro para los hermanos que enfermaban y no podían trabajar, la atención material y espiritual a los cofrades, especialmente en el momento de la muerte, y la realización de obras de caridad con los necesitados: visita y ayuda a los enfernos y viudas y pobres, asistencia obligatoria a entierros, misas por los fallecidos, sufragio de los gastos del entierro, ayuda a las doncellas pobres para su matrimonio, recogida de cadáveres, asistencia a los reos (...) son una constante en las reglas de las cofradías.

Buena parte de estas funciones fueron desapareciendo por la asunción de potencial económico (rentas rústicas y urbanas) o por leyes desamortizadoras.

A finales del S. XVIIIy comienzos del XIX desaparecieron muchas cofradías, y las que persistieron lo hicieron empobrecidas, con una función casi exclusiva al culto, predominantemente externo".

En el mismo foro, D. Luis Antonio García Labarga, Delegado Episcopal de las Cofradías Penitenciales de la Diócesis de Zaragoza, en su disertación "Cofradías penitenciales para el Tercer Milenio", reconoce el cambio producido en la sociedad actual:

"Es a partir de la época moderna cuando se va realizando una verdadera autonomía de los profano frente a lo religioso: la sociedad, la economía, el saber y las instituciones, dejarán de estasr envueltas por tutela y dirección de lo religioso y dará paso al Estado nacional, los sistemas económicos, la ciencia y la técnica, los "asuntos sociales", la medicina social, las ONG's, etc.".

La asunción por parte del estado moderno de las labores asistenciales tiene mucho que ver con la reducción al ámbito privado de la mayor parte de las actividades de estas asociaciones que antes también las desarrollaban en el ámbito público. De ahí su consideración, como ya se ha señalado anteriormente, en el campo de lo que la profesora Belén Altuna señala como "utopías privadas" en el contexto de la rehabilitación del utopismo. Una forma de vida que pretende la mejora personal y alcanzar la felicidad del grupo, puesto que aquí se sigue creyendo en una historia con fin: Podría considerarse como una utopía para alcanzar el cielo.


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