FRANCISCO PEREZ BUADES, EL ARQUITECTO DE LAS CATEDRALES

Decía el anciano Erik el Belga en una intervencióntelevisiva : “No hay mayor gloria para un pintor cristiano que pintar una Virgen y que el pueblo le rece”. Yo añadiría que no hay mayor gloria para un arquitecto que seguir el camino de los antiguos maestros y construir bosques abovedados con alma de piedra y ladrillo, para rezar.

Hay veces que, el destino y el Universo confabulan para trazar un camino y el elegido es, de alguna manera, teledirigido por fuerzas ajenas a su voluntad, sencillamente porque tiene que ser así y no de otra manera. Cuando el niño Francisco Pérez Buades vivía y jugaba en la plaza de África ceutí, creo que ya estaba escrito el que dedicaría una parte de su vida a ese Santuario de la Virgen que le vio nacer y a su Catedral. El mismo Santuario en el que, su abuela y su madre, tenían reclinatorios en propiedad y él conocía como la palma de su mano. Natural, años más tarde tendría que empeñarse y aplicarse en la exquisita restauración del maltrecho camarín de “su” Virgen de África, remediar desaguisados anteriores, luchar denodadamente contra los xilófagos, amenazar con “vaderretros” a quienes hicieran peligrar los plazos de ejecución, hacer malabarismos con los libros de historia y recrear en bocetos las raíces de Ceuta. Pura labor renacentista aplicada a todas las artes. Porque hay restauradores, no son legión, pero existen maestros especializados en según qué determinadas épocas. Pero los restauradores especializados en arte sacro y concretamente en monumentos religiosos, son una exquisita minoría que debe reunir una serie predeterminada e irrenunciable de cualidades. No les digo nada que ustedes no sepan. Pero es “condictio sine qua non” del maestrode la arquitectura sacra el que sea un profundo creyente, esa condición es común a las tres grandes religiones monoteístas.

El hecho de trabajar en un lugar sagrado para los fieles implica una devoción y un respeto tan absolutos que, el elemento innegociable de ser persona de fe, es lo que dignifica la obra. Los cristianos nos santificamos por el trabajo bien hecho y en este caso concreto, cada cálculo de volúmenes, cada plano cuidadosamente trazado, cada paletada de yeso, implican una oración. Un laico, es decir, no creyente o ateo, no “puede” ni debe acometer obras sagradas, sería tan antinatural como nombrar apoderado de una figura del arte de Cúchares a un declarado y beligerante antitaurino. Creyente y profundo conocedor de la Historia con mayúsculas del lugar a restaurar y de las santas imágenes que se devocionan en los templos. Hablar con Francisco Pérez Buades es recibir, en absoluto silencio, una lección magistral de arte religioso. Pregunto, “Maestro, la talla de la Virgen de África es gótica, pero ¿Cuáles son sus orígenes”. El sabio tiene una mirada aguda y reflexiva, conoce el asunto y me imparte una conferencia gratuita fruto de años de investigación y estudio. Para él la Santa Patrona tiene origen templario, algo que explica la profunda carga mística y esotérica que emana de la talla. Geográficamente se atreve a emplazar esta maravillosa Pietá en el norte de Italia o en Alemania y su llegada a Portugal debió coincidir con la disolución de la Santa Orden del Temple por obra y gracia de un Papa ignorante y de un corrupto rey francés que, sin lugar a dudas, querían echar mano a los incalculables tesoros de los monjes guerreros, eso fue en 1314.


Los caballeros fueron perseguidos y sus enclaves esotéricos expoliados, tan solo se salvaron las obras místicas con las que, algunos, consiguieron huir, parte a Inglaterra, muchos a Portugal donde obtuvieron la protección del monarca luso. Los templarios acumulaban el saber de los siglos, eran expertos alquimistas, hermanos del exótero, herederos de las tradiciones más puras, guardianes del misterio de las Vírgenes Negras, custodios de las reliquias sobrenaturales. En los espíritus mezquinos despertaban una envidia sin límites, en los seres inteligentes no despertaban más que admiración. De ahí que el rey portugués les protegiera y camuflara bajo el nombre de Caballeros de Cristo y como símbolo, la cruz negra.

Fueron esos Caballeros de Cristo quienes viajaron con Enrique el Navegante en 1415 portando la sagrada imagen de la Virgen de África y ellos, que presumiblemente la habían hecho recorrer Europa hasta Portugal para conservarla, los encargados únicos de su custodia. Como lo son ahora los caballeros y las damas de la Cofradía, herederos directos de aquella Orden sacra de monjes guerreros que atesoraron el esoterismo más puro y la leyenda más y el conocimiento más impolutos.

Francisco Pérez Buades, que jugara al 'pilla pilla' en la Plaza de África y asistiera a las misas de la infancia rigurosamente custodiado por sus abuelos, ya estaba predestinado a vivir y estudiar el camino de la leyenda. Su continuación, porque ni los caminos tienen final ni las leyendas tampoco. La Orden del Temple está y es una manera de ser, el nombre podrá soportar los cambios de las conveniencias históricas, pero el espíritu del Temple nos pertenece, forma parte de nosotros, como el Santo Grial, la Cruz de Caravaca portada por los ángeles de Dios, el gallo cantarín de Santo Domingo de Silos, el reciclaje del alma del Camino de Santiago que no termina en Santiago sino en Iria Flavia y los Lignums Crucis. Hay mucho de antiguos caballeros de las órdenes guerreras en nuestros expertos restauradores de arte sacro, tiene que haberlo, no es lo mismo diseñar y ejecutar una mole de cemento por mor del desarrollismo hortera del ladrillo, que conmoverse profundamente y hacer de la labor una oración.

El arquitecto suspira, de él fue la idea de realizar un maravilloso claustro en la plaza de San Daniel para colaborar en el futuro de la ciudad que, si quiere ser moderna ha de pasar por dos turismos: el espiritual y el de idiomas, porque el de botellón y chiringuito se ha quedado muy cutre y no atrae a “gente bien”. La idea no fructificó, el claustro de los Jerónimos de Madrid recibe miles de visitantes, todas las catedrales tienen claustros que son obras de arte, pero a los ceutíes no se nos debe considerar muy cultos, ni muy sensibles a la belleza, creo que consideran que “no merecemos” disfrutar de obras monumentales, artísticas y maravillosas. Vale, que nos consuelen y monten un Carrefour quese dice “Carrefú”.

Hablo yo, que para eso entrevisto y cuento con la confianza de cuatro: España, el extranjero, el Editor y mi Director. “Vale, viene una empresa de Málaga ¿Y los tipos son creyentes?” Ni idea. Pero no se puede discriminar por las creencias o ateismo. Por supuesto, para hacer un Corte Inglés, pero para tocar el alma cristiana del corazón de piedra de nuestras catedrales que son la piel de nuestra tierra queremos creyentes. Como cuando construyen una mezquita los imanes querrán y seleccionarán creyentes y no obreros que paren a las once a comerse un bocata de jamón. Es cuestión de sensibilidad y si no se valora la sensibilidad cristiana se nos discrimina.

El Maestro suspira “¡Que proyecto tan maravilloso!” - Yo encizaño “Bueno, supongo que, los restauradores conocerán, amarán y sentirán el misticismo y la historia que lleva implícita la Catedral ¿O es que no están emocionalmente implicados?”-. Otro suspiro, “Será lo que diga Madrid”. Pues no. Será lo que diga Ceuta, sin imposiciones, porque es nuestro patrimonio y es nuestra alma, somos el pueblo soberano, el poder reside en nosotros y se hará lo que nosotros digamos a través del Presidente Vivas que es quien representa nuestros deseos. Si Ceuta quiere a un arquitecto de aquí, tendrá que ser o se tendrá que esperar unos meses a que llegue Rajoy y tengamos un Ministro de Cultura creyente que comprenda nuestros anhelos.

Paco Buades se muestra discretísimo.“ Pero ¿A usted le han dicho el por qué rechazaban su candidatura con su espectacular currículo en restauración de arquitectura sacra?”, él responde: “No, no me han dicho nada, me enteré por la prensa”. ¡Que mezquindad! ¿Ven? Un rato maravilloso birlado al tiempo donde me he empapado de magia y esoterismo, emocionado ante los estucos y conmovido con la historia de la Virgen Santísima, me lo han amargado los de Madrid. Pero ¿Cómo se atreven?. Paco Buades me invita a un café sin humo y me sigue contando y yo, aprendiza, tomo notas y me aplico. Maestro y aprendiz, como siempre a lo largo de nuestra Historia, como es y como será con la ayuda de Dios. Gracias maestro, mis manos en tus manos, que Dios te bendiga y que la luz te acompañe. Así se decía en el Temple y desde entonces hasta hoy.

El descubrimiento

El Camarín es una obra de arte de estudio inacabado. El arquitecto sacro descubrió tras el retablo un grupo de nuevos símbolos esotéricos en estuco, ángeles músicos, en la mejor tradición europea y el sol y la luna, siempre presentes en el gótico. Unas obras exquisitas que se han de restaurar y rescatar para el pueblo de Ceuta, documentarlas y exponerlas. “Maestro ¿Y cómo las va a exponer?”. Paco Buades cavila, los estucos están escondidos y pertenecen a una época muy anterior al actual retablo, el acceso es difícil y está lleno de simbología y misterio. “Maestro, por favor, sáquelos de ahí, que es una lástima no disfrutarlos” -añado con malicia- “Yo me sé de grandes expertos que, en los años sesenta, desmontaban templos románicos completos y se los llevaban a América, digo yo que aquí no seremos tan cazurros de ser incapaces de hacer un “poquito” de obra y sacar a la luz las obras de arte”.

Perez Buades pestañea y trama. Prosigo la charla-conferencia. “A usted le propuso el arquitecto municipal Javier Arnaiz para la restauración de la catedral de Ceuta, porque usted ha trabajado en ella y la conoce como nadie “¿Cuándo empieza?” -Silencio sospechoso- “¿Qué pasa?”. El arquitecto Caballero de la Cofradía de la Virgen de África es prudente, pero yo soy periodista y me he enterado de la inenarrable putada. “Yo le digo lo que pasa, que el Ministerio de Cultura es quien da el dinero y han elegido seguramente a “los suyos” y aquí en Ceuta se han callado y no han armado la de Dios es Cristo”.

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