COSTALERAS EN CEUTA, DESMONTANDO TÓPICOS DESDE LOS AÑOS 80

Las zapatillas negras de tela y esparto dan pasos muy pequeños sobre el suelo de la catedral. Apenas se deslizan sobre la superficie en un movimiento reposado y constante. Las cuarenta mujeres que sostienen el paso del Santo Entierro, la Hermandad más antigua de Ceuta (fundada en 1740), dan cuenta con sus pisadas de la progresiva transformación de la Semana Santa hacia un acontecimiento en el que ellas tienen cada vez más protagonismo.

Se dice que la Cofradía del Amor en Córdoba fue la primera en romper el protagonismo masculino de las cofradías en España en el año 1986, pero la veracidad de esta afirmación es de difícil de comprobar. En Ceuta, la Hermandad del Santo Entierro lleva más de veinte años contando con costaleras en vez de costaleros para sacar a su Cristo y el capataz de la misma, Juan Carlos Sánchez, asegura que su hermandad está con toda seguridad entre las tres primeras de España en contar con mujeres: “Es algo muy difícil de certificar porque nunca estuvo bien visto que las mujeres sacaran los pasos, pero estoy seguro que en los pueblos, cuando los varones se iban fuera por un motivo u otro se echaba mano de ellas. El Santo Entierro fue la primera hermandad ceutí en trabajar con mujeres y estuvo seguro entre las tres pioneras de España a mediados de los años ochenta, aquello fue un momento muy arriesgado, entonces no se soñaba ni con una mujer llevando una túnica de nazareno”.

El Santo Entierro no es la única, la Hermandad del Valle contó durante algunos años con una cofradía mixta, y 'Flagelación' incluyó también un par de mujeres en sus filas hace tiempo. Según explica Sánchez, y aunque hoy es relativamente conocida la existencia de mujeres costaleras en Ceuta, hasta ahora se había hablado muy poco sobre su trayectoria. “Hasta hace unos seis años existía un gran desconocimiento, se pensaba que iban fuera del paso, cuando en realidad llevan entre 25 y 28 años poniéndose debajo de él”, explica refiriéndose al paso del Santo Entierro. Para el capataz, esto no es sino un reflejo más de la relación entre la mujer y la historia, en la que ellas “han sido anónimas, en casi todas las circunstancias”. Por eso y, aunque no tienen ninguna aspiración reivindicativa más allá de pasear a su cristo por la ciudad en un acto devocional, las integrantes de la hermandad del Santo Entierro saben que deben esforzarse más aún que cualquier costalero. “Nuestro paso no se puede quedar en la calle. En alguna ocasión ha pasado con costaleros varones que han tenido que dejarlo y no se le ha dado importancia, pero nosotros no podríamos permitirnos esto. A parte del sentimiento de cada una de ellas, estamos demostrando a la sociedad que la mujer puede hacer lo que quiera”, dice el capataz.


Las chicas que levantan la imagen del Cristo son un amalgama de la sociedad caballa, desde profesoras hasta enfermeras, pasando por militares y de todas las zonas de la ciudad. La más mayor tiene 49 años, pero la media de edad ronda los 25. Con poco más de treinta, varias de ellas tienen ya entre 15 y 17 años de experiencia como costaleras.

Inmaculada Villadre es una de las veteranas a sus 37 años, lleva saliendo en procesión desde el año 2000 y nunca ha faltado a la cita salvo en dos ocasiones con motivo de dos embarazos: “Ahora mis niños vienen a verme. Mi marido también está en una hermandad, toda mi familia me apoya mucho. ¿Lo que se siente bajo el paso? no se puede describir, es muy bonito. Cada año es como si fuese la primera vez, con los nervios a flor de piel”.

“Es una mezcla de ilusión y ganas”, comenta otra costalera poco antes de prepararse para el ensayo nocturno con sus zapatillas, faja y costal en mano al igual que todas sus compañeras y un puñado de recién llegadas con apenas diecisiete años que quieren entrar a formar parte de la Hermandad; la mayoría tiene algún vínculo con la Semana Santa y cuenta con algún familiar o amigo costalero.

¿Devoción o tradición?

Encontrar la razón por la que tantas mujeres, y cada vez más jóvenes, se acercan a los pasos para ser parte de ellos es prácticamente un misterio. “Es bonito”, “engancha”, “no se puede explicar”, “me gusta mucho”... ninguna de ellas sabe muy bien qué va a sentir cuando se ponga bajo el paso por primera vez, pero todas las que lo han hecho quieren continuar y, en el caso de hacerse demasiado mayores o no puedan por motivos mayores, acompañan la procesión todo lo cerca que pueden. La mayoría reconoce una gran fe y devoción, pero su sentimiento es algo tan íntimo y personal que tampoco lo comentan entre ellas. Una promesa, un voto de silencio... “hay algunas que justo antes de levantar el paso te dicen no me vayas a hablar que hice voto de silencio” y es que aunque alzar al cristo sea una labor eminentemente colectiva, cada una de las costaleras que se coloca bajo las trabajaderas tiene un motivo individual para hacerlo.

“Nunca tuve miedo de que pesara demasiado, de hecho cuando eres nueva no sientes el peso, es después cuando te vas dando cuenta de lo que cargas” afirma una de las veteranas. El capataz del Santo Entierro estima que cada costalera carga entre 15 y 20 kilos de salida, lo que multiplicado por 40 daría un total de 700 ú 800 kilos en total. “Se especula mucho sobre el peso de las imágenes pero esto tampoco es matemático, nunca hemos puesto el paso sobre una báscula”, concluye.

El reto para la Hermandad este año está en conseguir suficientes costaleras para que los cofrades que saquen a la Virgen de la Soledad sean también mujeres, algo que no podrán saber “hasta una o dos semanas antes del Viernes Santo”. Por el momento, un par de anuncios diseminados por la ciudad y el boca a boca han hecho que empiecen a llegar a los ensayos varios grupos de jóvenes con ganas de mantener esta tradición. El hermano mayor de la hermandad, Mariano Cerdá, confía plenamente en que lo conseguirán.


Rompiendo las barreras del género

Existen distintas opiniones sobre si podrían llegar a configurarse hermandades mixtas, al igual que todavía las hay a la hora de aceptar a las mujeres en muchas cofradías. Victoria Botí, de la Federación Nacional de Asociaciones de Mujeres Cofrades dice que por lo general “las cofradías mas antiguas son las más reacias a que la mujer se incorpore”, algo que el Santo Entierro contradice en la práctica al ser la más antigua de la ciudad. Las propias costaleras dicen que, aunque cada vez están más apoyadas, sí sienten cierta discriminación en el ámbito de las hermandades. “Es como el mundo del toreo”, dice una, “están pendientes de todos nuestros fallos, por eso nosotras ponemos más empeño todavía”, añade su compañera.

A nivel nacional son ya muchas las cofradías que aceptan mujeres costaleras, un colectivo que el pasado mes de febrero aplaudía el decreto del arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, para determinar “plena igualdad de derechos” entre los miembros de las hermandades de Sevilla e impedir así cualquier tipo de discriminación por motivos de sexo.

La presidenta de la Federación, que pidió a otras hermandades que tomasen ejemplo de esta iniciativa se mostró satisfecha por la noticia, aunque en declaraciones a un medio nacional califica como “lamentable” el hecho de que la plena incorporación al mundo cofrade tenga que conseguirse a través de un decreto y no por iniciativa propia de cofradías y hermandades.

2011 será el primer año en el que las mujeres podrán salir de nazarenas en toda Andalucía, algo que hasta ahora impedía el veto de varias hermandades sevillanas, aunque sí se venía realizando de forma habitual en ciudades como Granada, Málaga o Córdoba, además de muchas otras localidades españolas. Si bien son buenas noticias para las mujeres cofrades, aún queda mucho por hacer. Sin ir más lejos la Federación Nacional acudió recientemente como invitada al IV Congreso de Cofradías celebrado en febrero en León, cuya cofradía 'Dulce Nombre de Jesús Nazareno', todavía no admite mujeres cofrades en sus filas.


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