50 AÑOS DE DEVOCION

Hablar de la imagen del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia supone hablar de una devoción fuertemente arraigada en el tiempo y que ha sido, durante los últimos cincuenta años, “vaso espiritual” de cofrades, estudiantes, fieles devotos y de los ceutíes que han mostrado su devoción a lo largo de último medio siglo. Desde que la imagen del Cristo de la Humildad y Paciencia llegara a nuestra ciudad, en el año 1961, ha escrito unas páginas que están perfectamente definidas en los libros de historia de Ceuta, de la propia Hermandad y en los añejos recuerdos de los cofrades de las ‘Penas’. Sin embargo, lo que antecede a la llegada de la imagen del Señor en la corporación nazarena del Jueves Santo, resulta un tanto confuso y difuminado. Primero porque no existen documentos fehacientes relativos a la llegada de la imagen en los archivos de la Hermandad y, segundo, porque todo lo relativo a la figura del regente del taller de escultura del que salió la imagen, Rabasa Pérez, deja un hueco al misterio y a la falta de clarividencia. Para conocer más sobre la imagen del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia debemos conocer también las características socioculturales que rodeaban tanto a la Hermandad como a la ciudad de Ceuta, en el año o la década en la que la imagen vino a parar a nuestra ciudad.


La Ceuta de los sesenta era una ciudad emergente que todavía arrastraba heridas de la contienda civil que se había producido décadas antes. Pero en la España de la posguerra, en la década de los cincuenta y la que nos ocupa, comenzaban a atisbarse signos de crecimiento y de esperanza. Ocupaba en aquel año de 1961 la diócesis de Cádiz y Ceuta el obispo Don Tomás Gutiérrez Díez, cuyo coadjutor Don Antonio Añoveros Ataún parecía ser quien movía los hilos de la diócesis de nuestra ciudad.

Eran tiempos de renacimiento cofrade en todo el sur de España y en nuestra ciudad. En esos años muchas de las imágenes iconográficas de nuestra Semana Santa también hacían su aparición en este lado del Estrecho. Lo habían hecho a finales de los cuarenta casi todas las procedentes de la gubia del insigne Antonio Castillo Lastrucci y, en estos últimos años, lo habían hecho imágenes de Modesto Gené, Pineda Calderón o el propio taller de Rabasa Pérez. Además, desde hacía un par de años era intención de la Santa Sede el hecho de celebrar un concilio en el que aunar posturas sobre el devenir de la Iglesia Católica y también sobre muchos de los cultos que, hoy día, realizamos como algo cotidiano en Hermandades y Cofradías. Un Concilio Vaticano II que estaba a la vuelta de la esquina y que vaticinaba grandes cambios y unificaciones.

A la vez, la Ceuta de los sesenta era una ciudad en constante renovación y crecimiento. A principio de la década se había producido un importante crecimiento demográfico, pasando a tener un total de 73.182 habitantes censados, lo que suponía un crecimiento inusual. Cabe destacar además que proliferaron las procesiones de todo tipo, sobre todo las de impedidos, encabezada por clérigos y seglares comprometidos en el seno de la Iglesia. Cuando el Señor de la Humildad y Paciencia llega a Ceuta, el alcalde de la ciudad Francisco Ruiz Sánchez, de Falange Española; empresario y perito mercantil, compartía las portadas de los pocos periódicos de la ciudad con Alfredo Galera Paniagua, gobernador militar y precursor de muchas iniciativas ligadas a nuestras Hermandades y Cofradías.

Ceuta crecía con la ‘economía de bazar’ por bandera y quizás pudo ser esto lo que propició una comodidad social y económica que dio lugar a estos movimientos cofrades. La cultura de la mano de López Anglada, Manuel Alonso o la incipiente coral de Andrés del Río, comenzaba a aflorar tanto en los mentideros internos como en el culto público, y aquí toma su máxima expresión la Semana Santa.

Normas Diocesanas
Hermandades y
Cofradías de Ceuta  
Cartel Hermandades de
Gloria 2017  
Revista Cruz de Guía y
Cartel Semana Santa
2017