En una breve introducción biográfica podemos señalar que el 27 de febrero de 1882 nace en Sevilla Antonio Castillo Lastrucci. La familia vivía en la calle Quesos número 36, hoy Antonio Susillo. Frente al domicilio de la familia se encontraba la vivienda y taller del artista Antonio Susillo Fernández (1857-1896), al que desde muy joven, Antonio, asistía con asiduidad para aprender modelado. Lo que empezó como un juego, se convirtió en profesión, ya que el maestro Susillo pronto quedó admirado por la destreza del manejo de la terracota, en la que conseguía modelar con gracia y rapidez cabezas y figurillas.

Para completar su formación escultórica acudió a la Escuela Industrial de Artes y Oficios de Sevilla a mitad de la década de los noventa. Castillo adquiere influencia romántica, costumbrista e historicista. Recibiría un premio en 1910 en la Exposición del Centenario de la Independencia de Méjico por su alto relieve “Bacanal”.

El 14 de abril de 1915, la Diputación Provincial le concede una pensión con una beca para realizar estudios en los museos de París y Roma, pero existen serias dudas de que los mismos se llegaran a realizar, debido a que Europa se debatía en la gran guerra. Viajó a Madrid donde asiste casi diariamente al Museo del Prado3.
Su primer taller lo instala en las oficinas de la industria sombrerera de su padre. Compuso en el primer periodo relieves, bustos y grupos escultóricos, entre los que no faltaba el tema taurino. El 10 de octubre de 1922, un grupo de hermanos de la Hermandad sevillana de la Bofetá, al querer sustituir las imágenes de su paso de misterio, le encargan a Castillo el misterio del proceso de Cristo ante Anás.

A los cuarenta y un años le llega su definitiva experiencia como imaginero, ya que desde entonces su nombre se introduce de lleno en las cofradías tanto de Sevilla, como en Málaga. La mañana del domingo, 11 de marzo de 1923, se bendijo en la iglesia de San Román la imagen de Jesús ante Anás. El Martes Santo de ese año se vería el misterio completo por vez primera.

En 1923 se traslada a la calle San Vicente donde monta el mejor taller de imaginería que haya existido. En Sevilla y en Málaga se multiplican los encargos y las cofradías de más fama quieren poseer obras del nuevo imaginero. Destacan en Sevilla los misterios de San Benito (1928) o la Macarena (1929), y en Málaga, al del Ecce-Homo (1923) se une el del Prendimiento (1925). Además podemos mencionar las dolorosas como María Santísima del Dulce Nombre en 1924, Nuestra Señora de la Hiniesta en 1933 y María Santísima de la O en 1937. Y el primer paso de misterio para el Cristo de la Expiración “El Cachorro” en 1929, hoy en Jerez de la Frontera. Castillo convierte el paso en un escenario teatral sacro con innovadoras composiciones de gran efecto.


Castillo dotará a sus misterios de un fuerte carácter teatral y de grandes montajes escénicos, dejando desplazados y remodelando, en muchos casos, los tradicionales misterios dieciochescos y decimonónicos, que en nada tienen que ver con los movidos y parlantes misterios de las escenas de Castillo. Añade a estos altares itinerantes mobiliario, olivos, pebeteros, antorchas y en sus figuras cuida hasta el último detalle dándoles vitalidad, representándolos con cuidados peinados, ropajes y joyas. Los personajes secundarios son actores dramáticos. Castillo fue un creador de tipo iconográfico, crea el soldado romano imberbe y ambiguo, el sanedrita, el esclavo etíope. En los personajes secundarios hace de la fealdad la expresión moral de la maldad, dotándolos de detalles pintorescos. En sus Cristos y Vírgenes descarta el dolor, sufrimiento, congoja o abatimiento, representándolos como seres divinos.

Sus dos grandes devociones serán el Señor del Gran Poder y la Virgen de la Esperanza Macarena. Esto se verá reflejado tanto en sus imágenes de Cristo como en sus Dolorosas con un sello muy personal. En sus Cristos, la cabellera parte de una raya central, dividiendo los cabellos en dos mitades asimétricas, estando recogido por la parte izquierda y deslizándose un mechón por el derecho que sobrepasa la línea del hombro. La nariz de bella proporción y delgadas aletas, de línea recta y nada carnosas; los ojos grandes, llenos de expresión, cejas enarcadas, formando el ceño con ángulos muy marcados; las barbillas de sus figuras varoniles van adornadas, de ordinario de una cuidada barba, tratada en grupos con incisiones profundas y relieves redondeados; los cabellos también corresponden a la fisonomía del movimiento que siempre da a las barbas. Se acusa pómulos escasos, las bocas, apenas entreabiertas, con dientes superiores tallados.

Además Castillo será el creador de la Virgen castiza con un sello único y personal: Dolorosa de gran empaque, arquetipo de una mujer andaluza joven, de piel morena, de rostro ovalado, grandes ojos negros, finas cejas trazadas a tira líneas, nariz recta, mentón algo proyectado hacía fuera, boca entreabierta donde se ve tallada la lengua y presenta en el centro de la encía superior una paleta, en lugar de los dos dientes y cuello tubular de gusto decimonónico. La Virgen del Dulce Nombre para la Hermandad sevillana de la Bofetá, será su primera dolorosa castiza.

Esto es sólo una muestra de cómo en su primera etapa se da a conocer en las provincias de Sevilla, Cádiz, Huelva y Málaga. Si unimos a esto los acontecimientos de 1936, que provocaron la pérdida de numerosas imágenes, se entiende que al imaginero le lluevan los encargos desde muchos lugares, no limitándose a Andalucía, sino de otras zonas como Alicante, Extremadura, Ceuta y la provincia de Ciudad Real.

Si hacemos una breve reseña sobre el taller, tras el éxito conseguido por la ejecución del misterio de la Hermandad de la Bofetá de Sevilla, se traslada a la calle San Vicente número 52, en el año de 1923, donde organiza el mejor taller de imaginería de todos los tiempos. En el trabajan maestros oficiales, sacadores de punto, entalladores, discípulos, carpinteros, lijadores, tallistas y doradores. Fue el imaginero más prolífico que ha existido, sólo se acercó en el número de obras realizadas el murciano Francisco Salzillo y Alcaraz (1707-1783). En su taller sevillano se lleva a cabo un trabajo en cadena similar al que en el siglo XVII realizara Pedro Roldán (1624-1699). Lastrucci convierte sus misterios en un enorme escenario teatral sacro itinerante.


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