LA LLEGADA DE LA VIRGEN DEL VALLE A CEUTA

En el año 1415 la Medina Sebta brillaba entre las poblaciones del reino mariní, tanto por su pasado como por su presente, para lo que no era poca razón su ubicación en el Estrecho de Gibraltar, algo inherente a su historia pasada y por venir.

A mediados del siglo IV, la comunidad cristiana de Ceuta pudo salir de la clandestinidad gracias al Edicto de Milán, de lo que es prueba innegable la Basílica Tardorromana de Ceuta, hoy centro del Museo de su nombre. Esta comunidad tuvo continuidad con el dominio bizantino y visigodo, e incluso llegó a ser una de las primeras poblaciones mozárabes, con su pronta conquista por las tropas islámicas, en el 709.

Durante los siete siglos de dominio musulmán hubo momentos de tolerancia religiosa para comerciantes y viajeros, siempre dentro de sus alhóndigas y arrabales, ya que el incumplimiento de las normas podía llegar a la muerte, como ocurrió con San Daniel y sus compañeros de martirio, en octubre de 1227.

En el proceso de reconquista que afectará a la Península Ibérica durante el Medioevo, Ceuta no será olvidada, como demuestran los planes de ataque que tenía en mente Fernando III el Santo a su muerte, en 1252.

No era extraño, por tanto, que en la corte de Juan I de Portugal no sólo él, sino también sus hijos, con el infante D. Enrique a la cabeza, y elementos de la potente burguesía, hubieran puesto los ojos en la ciudad transfretana para buscar nuevas rutas de expansión en el continente africano.

La preparación de la armada, tanto en naves como en pertrechos, víveres y por supuesto hombres, se llevó a cabo con todo sigilo, sin desvelar el objetivo, y durante un período largo de tiempo.

Al fin el 21 de agosto de 1415, tras muchos inconvenientes entre los que no fueron menores la epidemia de peste que asolaba Portugal, la muerte de la reina doña Felipa, o un temporal en el Estrecho que llegó a descomponer la flota, las tropas entraron en la ciudad, produciendo una rápida huida de la población por tierra, que permitió tomar Ceuta en tan solo una jornada.

Tanto los invadidos como los invasores tenían en mente una conquista rápida, un botín cuantioso y una vuelta a la metrópoli. Sin embargo, la intención del Rey y sus consejeros no era la de marcharse, sino la de permanecer en la población y hacerla suya.

En los días siguientes se acondicionaron edificios, se decidió quienes quedarían en la guarnición y cuál sería el botín a llevarse. Hubo ceremonias de armar caballeros tanto a los infantes como a otros miembros de la expedición y naturalmente, se celebraron actos religiosos.


A pesar de que las fuentes españolas de los siglos XVIII y XIX fomentaron la leyenda de que la primera Misa se celebró en la Ermita del Valle y que allí se armaron caballeros a los infantes, las crónicas lusas de la época confirman que esos actos tuvieron lugar en la Mezquita Aljama, junto al alcázar y en el lugar que hoy ocupa la Santa Iglesia Catedral de Ceuta.

Las expediciones bélicas contra el Islam se hacían buscando el apoyo de la Santa Sede, que entonces era la institución internacional más respetada en occidente. En esta ocasión, hubo por medio, una Bula de Cruzada, es decir, la autorización Papal para la contienda. Era costumbre, también, llevar imágenes de Cristo, de la Virgen y los santos protectores de cada Nación, que quedaban en los nuevos templos consagrados.
La tradición dice que D. Juan I llevaba en su nave una imagen de piedra de la Virgen, que fue bajada en los primeros días para quedar en la Ciudad. Se trataba de la Virgen del Valle. Una escultura en piedra caliza, gótica, que presenta a la Virgen con su hijo en brazos.

Seguramente, la Virgen del Valle fue testigo del acto de armar caballeros a los infantes y estos a sus hombres de confianza, como del nombramiento de gobernador por el Rey, en la persona de D. Pedro de Meneses, tal y como lo pintó Martín Barata en uno de sus míticos murales.



CAMINO DEL VALLE

Don Juan I de Portugal tenía previsto para Ceuta un papel importante dentro de su Corona. Así lo demuestra el hecho de añadirla al título Real en el que aparecía como Rey de Portugal y del Algarve y Señor de Ceuta. Un privilegio que no fue contemplado en la incorporación a la Corona española en 1640, no encontrándose Ceuta en el llamado título grande de la monarquía.

La ciudad iba a contar con un gobernador, una cámara municipal y se solicitó a la Santa Sede la elevación de su iglesia parroquial –la hasta entonces mezquita aljama- en Catedral, designándose para dirigir la nueva diócesis un obispo. La elección recayó en el capellán de la reina doña Felipa, Amaro de Aurillac, que fue preconizado desde la diócesis de Marruecos, que ostentaba hasta entonces.
Desde la bula de 1417 que elevaba a diócesis a Ceuta se sucederán la delimitación de su demarcación en 1420, el nombramiento del obispo en 1421 y las bulas de adscripción de territorios en el reino y de fundación de la Catedral de 1444 y 1455 respectivamente. Fue un proceso lento en el cual hubo una sorpresa: la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles para la Catedral de Ceuta, luego reinterpretada como Nuestra Señora de la Asunción.

Este cambio y seguramente la instauración de nuevos gustos artísticos, con la moda de las imágenes de vestir, debió dejar en un segundo plano a la imagen de N.S. del Valle, que pasó a ser titular de la ermita del Valle, para cuya justificación no debió ser baladí la leyenda de haber sido aquel el primer lugar de culto tras la conquista.

No conocemos el momento del traslado, ni tampoco de la fundación de la ermita, pero sí que hay referencias en los libros de actas del cabildo catedralicio a existir en 1580, pues estaba contemplada la asistencia del mismo a los actos que en ella se celebraran.

ERMITA DEL VALLE

Aunque dentro del arrabal de la Almina, es decir, extramuros de la ciudad, el templo estaba protegido por la cortadura del Valle, es decir que posiblemente su titular no necesitara de traslados estacionales, como era necesario en otros templos como San Amaro, Santa Catalina o San Antonio del Tojal.

En 1677, a la vuelta de los franciscanos menores de Marruecos, de donde habían sido expulsados por Muley Ismail, se instalaron unos meses en la ermita, pero comprendiendo lo alejados que estaban de la población decidieron trasladarse a la ermita de la Santa Cruz, donde labraron nuevo convento.

Muley Ismail, que puso cerco a Ceuta en 1694, causó gran destrozo en la población, hasta el punto de que el Cabildo, con la Catedral en obras y convertida en cuartel, y el Santuario de N.S. de África en obras, llegó a utilizar la ermita del Valle como sede temporal.

Uno de los mejores momentos que vivirá el templo llegará en 1724 cuando Felipe V nombre capellán con renta real. Lamentablemente, dos décadas más tarde, la epidemia de peste bubónica de 1743-44 la convertirá en hospital, dotándola de carnero para las víctimas de la enfermedad y siendo luego sometida a un proceso de “desinfección” que la llevó a su ruina y reconstrucción.

Es entonces cuando creemos que es encargada una nueva talla de la Virgen, al gusto barroco, que llevará a la titular a la sacristía, lugar en el que estará hasta épocas muy recientes.



En la financiación de las obras estuvo el principio de los litigios por la propiedad entre el obispado y la Corona, pues aunque nunca llegó a ponerse el escudo real en su fachada, era de real patronato, y por tanto, el general de la Plaza podía disponer su incautación por necesidades de la guarnición. Así, hubo momentos en los que fue convertida en almacén de artillería, para desesperación de sus feligreses y de la propia Iglesia.

Los pleitos se sucedieron entre 1772 y 1781 en que se dividió la jurisdicción entre ambos, pero sin faltar leyendas, milagros y castigos divinos. Pero todo ello no impidió el que la antigua imagen saliera de la sacristía.
A finales del siglo XVIII contaba el templo con un altar con cuatro columnas, la titular barroca en su lugar preeminente y las de San Antonio de Padua y San Francisco de Paula en los colaterales. Las descripciones nos hablan también de una bella araña de cristal italiano, regalada por el consignatario de la Almadraba, don Lorenzo Schiaffino, que figuran en las fotos del primer cuarto del siglo XX.

La iglesia sufrió muchos cambios en la última centuria, sin que los intentos de fieles y autoridades tuvieran el resultado apetecido hasta la restauración de finales del siglo XX. En cuanto a la imagen, también pasó por periodos de incuria que aumentaron sus desperfectos, pasando por restauraciones poco apropiadas, revertidas felizmente, como hemos señalado al principio del artículo, en fecha reciente.

Si la Virgen del Valle no tiene hoy hermandad que la cuide, no le falta el cariño de los rectores del templo, ni tampoco de las hermandades de la parroquia. Este año, ha tenido la atención no sólo de muchos ceutíes, sino de otras muchas personas, entre las que debemos destacar los numerosos turistas e investigadores portugueses que con motivo de la efeméride han pasado a rezar ante ella y a admirar la bella imagen gótica, joya del patrimonio local, que hoy luce como en los mejores momentos de su historia.


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