La devoción a la Virgen de los Remedios está en el origen de la fundación de la Orden trinitaria, a quienes tenían como protectora, tanto para ellos como para los cautivos que rescataban y que fundamentaban su carisma.

La imagen de Ceuta aparece ya en el inventario de cesión que hacen los calzados españoles a los descalzos andaluces, en 1680, en el cual se decía que era propiedad de su cofradía. Era sin duda algo extraño, que la imagen titular del convento no fuera de la orden, pero así aparece, lo cual tuvo sus repercusiones.

En 1711 la Cofradía de Nuestra Señora de los Remedios, con importantes caudales y propietaria de numerosas sepulturas en los claustros del convento, rompió relaciones con la comunidad trinitaria y se llevó la imagen al Santuario de Nuestra Señora de África. Hubo pleito y lo ganó la cofradía, por lo que la comunidad no tuvo más remedio que tallar una nueva imagen a la que dieron el nombre de Nuestra Señora de Gracia.

El poder de la Cofradía de los Remedios era notable y los conflictos con el Cabildo Catedralicio, entonces residente en el Santuario, por estar en plena reconstrucción la Catedral, no se hicieron esperar.


El poder de la Cofradía de los Remedios era notable y los conflictos con el Cabildo Catedralicio, entonces residente en el Santuario, por estar en plena reconstrucción la Catedral, no se hicieron esperar.


Con el asedio impuesto a Ceuta por Muley Ismail, en 1694, buena parte de la población de la ciudad intramuros se trasladó a la Almina, y esta se quejaba de la falta de un templo capaz. Así, el obispo Sancho de Velunza tomó la decisión de construir una Iglesia que hiciera de Ayuda de parroquia en la Almina, cuya primera piedra se puso el 7 de mayo de 1715.

La idea era que este templo se pusiera bajo la titularidad de San Pedro, a quien los sacerdotes locales veneraban con una importante cofradía: La Venerable Hermandad de San Pedro Apóstol. Sin embargo, y ante la situación con la cofradía de los Remedios, se les ofreció que su titular lo fuera del nuevo templo, dando un sitio de privilegio a San Pedro en él.

El 11 de octubre de 1716 fue bendecida la nueva Iglesia, convertida en Ayuda de Parroquia y regida por uno de los canónigos de la parroquia única, que era la Santa Iglesia Catedral. Así permaneció hasta que en 1851 fue elevada a Parroquia de término, aunque siempre con un canónigo como rector. No fue hasta 1918 en que se convirtió en parroquia de oposición, sin vinculación con el Cabildo.

La Almina se convirtió en el barrio preferido por las clases medias y altas de la ciudad y, con ello, su templo se vio muy protegido. Además, no sólo contaba con sepulturas dentro de todo el recinto, sino también a su alrededor, con un importante cementerio, que producía importantes rentas a su fábrica y hermandades.

Su primer retablo fue encargado por el Obispo Velunza en Málaga, como así mismo la pila de jaspe, que sigue siendo la que está en el baptisterio y en la que han recibido las aguas del bautismo muchísimos ceutíes, entre ellos algunos muy célebres como el Teniente Jacinto Ruiz, el epigrafista Manuel Rodríguez de Berlanga, o la pintora Agustina Cobos Atienza, nieta de Agustina de Aragón.


A finales del siglo XVIII el obispo fray Domingo de Benaocaz sustituyó el retablo principal por otro sin duda singular, dentro de la estética del resto de los templos locales, que siempre optaron por la talla en madera, dorados totalmente o en parte. Lo componían una serie de óleos que representaban a la Anunciación, la Adoración, el Nacimiento y la Virgen en su Soledad. Este retablo fue retirado en 1870 por orden del vicario capitular Torcuato María Lorenzo para colocar en su lugar el de la desaparecida iglesia del convento de trinitarios, que es el que hoy en día se conserva. Por su parte, los cuadros fueron instalados en la capilla mayor de la Catedral, conservándose actualmente tres de ellos.

Hay que decir que hace dos años tuvimos una de las sorpresas más importantes de los últimos años en el terreno del patrimonio artístico de la diócesis. La misma fue el descubrimiento por parte del restaurador sevillano José Manuel Cosano, de que la Virgen de los Remedios no fue sustituida por una nueva por el imaginero Manuel Pineda Calderón, sino que este realizó una importante transformación de la misma sobre la original. Así se devolvía a la imagen una antigüedad de alrededor de 350 años, gracias a la perspicacia de Pineda Calderón, quien ya demostró su buen hacer y confidencialidad cuando restauró la imagen de Nuestra Señora de África, en 1955, lo que también se mantuvo en secreto hasta la restauración de 1991.

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