Usted está aquí: Inicio

EN NUESTRA CABECERA LA ANTIGUA IMAGEN DEL SANTÍSIMO CRISTO FLAGELADO CON MOTIVO DEL 50 ANIVERSARIO DE LA REORGANIZACIÓN DE LA HERMANDAD DE LA FLAGELACIÓN.


RESEÑA HISTÓRICA


En el proceso de revisión de la historia de la Ciudad de Ceuta, la arqueología ha ido cubriendo con creces los vacíos y las esperanzas de la historia; ha desplazado a la mitología y hasta ha llegado más atrás que ésta en el tiempo.

Gracias a ella, ahora podemos imaginarnos a nuestros antepasados, entre 70.000 y 250.000 años de antigüedad, en la cueva y abrigo de Benzú, contemplando un Estrecho mucho más estrecho, que seguramente atravesaron hacia el norte, iniciando uno de los primeros viajes transocenánicos conocidos.

En el siglo VI-VII antes de Cristo, un grupo de personas constituyeron un pequeño hábitat en Ceuta. Eran púnicos, y para asentarse eligieron una pequeña colina, en el itsmo, con vistas a una y otra costa. Seguramente, allí mismo rezaron a sus dioses, como más tarde, en el mismo lugar, lo hicieron los bizantinos enviados por Justiniano I.

Sí, porque en África se habló latín y se alabó a Cristo, y también en Ceuta. Lo dice el historiador bizantino Procopio y lo confirman los escritores árabes, cuando describen la Mezquita Aljama que antes fue Iglesia. La misma que luego se convertiría en Catedral cristiana.

No fue ésta la única basílica con que contó la Ciudad. Unas excavaciones, a mediados de la década de los 80 del pasado siglo, hicieron aflorar las estructuras de una basílica ad santos bajo el subsuelo de la calle Espíritu Santo, que hoy da sentido al Museo de la Basílica Tardorromana de Ceuta.

D. Julián, el mítico Conde que gobernaba estas tierras a comienzos del siglo VIII, rindió Ceuta en el 709 ante el poder imparable de las tropas de Ocba Ben Nafi. En la rendición, parece que se preservó, al menos durante buena parte del siglo, la fe de Cristo. Quizá fuera la primera comunidad mozárabe de la actual España. Luego, habría períodos de mayor o menor tolerancia, pero hasta en los mejores, había normas y así, por ejemplo, en 1227, al tiempo que la comunidad cristiana vivía su fe en el interior de su alhóndiga, fueron martirizados San Daniel y sus compañeros, frailes franciscanos que hoy veneramos como nuestros Patronos.

Juan I de Portugal reconquistó para la fé de Cristo nuestra Ciudad el 21 de agosto de 1415. La Medina Sebta dio paso a la Ceuta Ciudad, Plaza fuerte y Obispado. La Mezquita Aljama se convirtió en Catedral, la madrasa al Jadida en Convento de Franciscanos y una de las Zauias en Convento de Dominicos. Mezquitas y morabitos dieron paso así a iglesias y ermitas. La transformación estaba en marcha.

Recreación llegada de la Virgen del Valle a Ceuta


La Iglesia lusitana en Ceuta se estructuraba alrededor de su Prelado quien, por no residir en Ceuta hasta las disposiciones emanadas del Concilio de Trento, gobernaba la diócesis a través de gobernadores eclesiásticos y de su Cabildo. Sus canónigos administraban los sacramentos en los diferentes templos y para la predicación se apoyaban en los conventos de Santiago y San Jorge, luego Espíritu Santo, en manos de franciscanos y dominicos.

Sabemos bien la revolución que supondrá el Concilio de Trento para el culto público pero lo que ocurría antes, al menos en nuestra Ciudad, está todavía por conocerse. Suponemos que tanto el clero secular como el regular celebraban sus Oficios y Procesiones con sus imágenes, a las que se sumaban diferentes cofradías, tanto marianas como en honor a santos y mártires.

Ceuta era una población fronteriza, escuela y palenque de guerreros, lugar de redención, pero también de luchas y de apresamientos. Sebastián I, consciente de ello, otorgó la redención de cautivos en todo el Reino en manos de la Orden Trinitaria a quienes cedieron su convento, en 1568 los franciscanos y en 1574 los dominicos. Cuando ello ocurre, algunas devociones propias de dichas religiones, como la del Rosario o San Francisco estaban totalmente asentadas.

¿Y la Semana Santa? Pues poco podemos afirmar. En 1578 el Obispo Manuel de Ciabra ordena que las cofradías se sitúen por antigüedad. Las existentes entonces eran: Nuestra Señora de África, Concepción, Rosario, Victoria, Guadalupe, San Pedro, Santiago, San Simón, San Sebastián, San Blas, San Antonio, San Francisco, San Amaro, Santa Catalina y Santa Ana. No hay ninguna cofradía de Pasión.

Sabemos que había algunas otras cofradías de carácter gremial como la de San Crispín, bénefico.nobiliaria como la Santa y Real Casa de la Misericordia, pero ello no quiere decir que hubiera hermandades de pasión. Pero si había desfiles procesionales y corrían a cargo del propio Cabildo Catedralicio, saliendo bien de la Catedral, bien de la Iglesia de Nuestra Señora de África, y a cargo de los conventos de Santiago y Espíritu Santo. A ellos se sumó, al menos a desde finales del siglo XVII, la Santa y Real Casa de la Misericordia organizando, cada Jueves Santo, la procesión de Pasos con estandartes que ilustraban escenas de la Pasión y Muerte de Cristo y, en ocasiones, la del Viernes Santo, que a fines del Siglo XVI sería competencia de la Cofradía del Santísimo Sacramento del Altar.

Procesión del Corpus a principios del Siglo XX


A partir de 1570 los Obispos de Ceuta dejan su residencia en Olivenza y viven en Ceuta, con algunas temporadas en Tánger, territorio que junto con Alcázar Seguer y Mazagán forman parte del Obispado. Este cambio reforzará la actividad litúrgica y administrativa de la diócesis, tal y como preveía Trento.

Duerante el siglo XVII aparecen las cofradías de Ánimas, Nuestra Señora de los Remedios, San MIguel, San Daniel y Compañeros Mártires, Santa Bárbara, Santa Lucía, la Venerable Orden Tercera y las dos primeras hermandandes pasionistas puras: la del Nombre de Jesús y la de la Vera Cruz.

Desde 1580 Felipe II de Castilla es también Felipe I de Portugal. Ceuta recibe ahora abastecimientos y ayudas desde Andalucía. Cuando en 1640 el Duque de Braganza lidera la sublevación que le llevará al trono de Portugal con el nombre de Juan IV, Ceuta se mantiene fiel a la casa de Austria. Tras veintiocho años en el limbo jurídico, con la Sede Episcopal vacante, el tratado de Paz y Amistad de 1668 confirma la integración de la población en la Corona de Castilla. A partir de ese momento la población comienza una paulatina castellanización, más evidente con la necesidad de reforzar su guarnición con el asedio impuesto por Muley Ismail en 1694. Muchos de los nuevos ceutíes tendrán procedencia andaluza y con ellos legará una renovación iconográfica que afectará a imágenes, liturgia y procesiones. Además, los trinitarios portugueses fueron reemplazados por trinitarios descalzos andaluces, mientras que los franciscanos descalzos construían un nuevo convento en la Almina, bajo la advocación de la Santa Cruz.

En el siglo XVIII será, por tanto, cuando se consolide la estación de penitencia, en torno a cinco procesiones: La del Santo o Dulce Nombre de Jesús Nazareno, el Martes Santo, que contaba con Cofradía con sede en el Santuario de Nuestra Señora de África, para luego asumir su salida el Cabildo Catedralicio; la de la Vera Cruz, con sede en el Convento de la Santa Cruz, hoy de San Francisco, que contó con Cofradía propia; la procesión de Pasos de la Santa y Real Hermandad de la Misericordia, que con sus imágenes y estandartes salía el Jueves Santo; la de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Nuestra Señora de los Dolores que ponía en la calle el Convento de Santiago o de los Trinitarios, en la mañana del Viernes Santo y la del Santo Entierro, el Viernes Santo, que después de la desapariciónde la Cofradía del Santísimo Sacramento era organizada por la Hemandad de la Misericordia y en su defecto por el Cabildo. Además, en la mañana del Sábado de realizaba la procesión de Resurrección.

Dulce Nombre de Jesús en Semana Santa año 2017


A comienzos del siglo XIX el esquema descrito estaba totalmente vigente, sin embargo, las medidas desamortizadoras dieron por resultado la incautación de los bienes de las cofradías y su desaparición, a lo que se sumó la exclaustración de franciscanos y trinitarios. Así, solamente permanecerá la santa y Real Hermandad de la Misericordia, hasta 1870, aunque creemos que ya sin organizar cultos públicos durante la Semana Santa y, al menos sobre el papel -cobraba determinadas cantidades del Estado en virtud de los Reglamentos de Ciudad- la de Jesús Nazareno. Poco a poco, las imágenes dejan de ver la calle, y a finales del siglo XIX creemos que no salía más que la Soledad y el Santo Entierro cada Viernes Santo, y sin regularidad de la Catedral, más Jesús Nazareno y la Soledad de Nuestra Señora de África.

La devoción popular se concentra en torno a los Cultos Ordinarios, el Septenario de los Dolores, los Oficios, el Triduo a Jesús Nazareno, el Sermón de la Soledad y el canto del Stabat Mater en la Catedral.

En 1913 se funda, a iniciativa del Canónigo Manuel Miranda Moreno, la Real Cofradía del Santo Entierro, en torno a las imágenes de la Soledad del siglo XVIII y un Yacente adquirido años atrás, con una estética neobarroca, al gusto del momento. Poco a poco, se enriquece con otras imágenes y pasos, que se irán organizando en secciones, germen de las actuales Cofradías del Nazareno, Buen Fin, Flagelación y Expiración. Concretamente, el Nazareno era el antiguo de la Iglesia de África, mientras que para los misterios del Descendimiento, Flagelación y Expiración se adquirieron nuevas imágenes de taller.

A ellas le seguirán, en 1923, la Asociación de Damas de la Virgen de África -de la que luego saldrá la de Cabelleros y por último la Corte de Infantes, encargada de poner en la calle la Entrada de Jesús en Jerusalén- y en 1924 un intento de crear una hermandad de la Entrada de Jesús en Jerusalén y Oración en el Huerto.

Ligada a la Asociación de Empleados y Funcionarios Municipales se funda en 1929 la Cofradía del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, para dar culto a una interesantísima talla tardo-gótica de un crucificado; y en la década de los 30 Amargura -con la Dolorosa de los Trinitarios- y la independización del Nazareno, hoy ligada a la Sacratísima Virgen de la Esperanza. Después se crearían Mayor Dolor, Medinaceli, Penas, Encrucijada y Paz, las tres primeras recuperando imágenes de los siglos XVIII y XIX, mientras que las dos últimas optarían por imaginería contemporánea.

José Luis Gómez Barceló.
Cronista Oficial de la Ciudad de Ceuta.


Normas Diocesanas
Hermandades y
Cofradías de Ceuta  
Cartel Hermandades de
Gloria 2017  
Revista Cruz de Guía y
Cartel Semana Santa
2017